Capítulo 1.

Capítulo 1


Llegó a su fin el periodo de la realización de cuentos para el concurso de lengua y literatura llamado Capítulo 1. 

Las ganadoras de este concurso fueron tres y con mucha amabilidad nos dan el privilegio de poder leer los cuentos ganadores que estarán subidos a continuación.





 Cuento realizado por la ganadora Tiziana Bagna de 4° Educación


El fondo del tanque

En medio de la ciudad de Caseros, cerca de las vías, había un viejo tanque de agua. Su diseño era tal de un hongo y superaba los veinte metros de altura. Era una estructura formidable, casi de aspecto alienígena, que le daba un tono misterioso al vecindario. Los que venían de afuera siempre preguntaban qué era, y la gran mayoría de residentes desconocían la respuesta. Aunque no era nada más ni nada menos que un tanque de agua. Toda el agua suministrada al barrio debía pasar por ese tanque antes de llegar a cada casa. Es decir, era una gran pileta. O por lo menos eso pensaba Santiago, el niño de tan solo nueve años que había encontrado la forma de escaparse de la mirada curiosa de sus padres y entrar en ese viejo tanque. Una vez por semana se escabullía de su clase de inglés para ir a nadar.

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 Cuento realizado por la ganadora Mia Maldonado de 3° Educación

                    El gran maestro en el arte del crimen

Huellas. Eso fue lo primero que observé en aquella tierra embarrada y mojada. Al terminarse, allí estaba la abominable imagen, aquella que fue el inicio de una serie de desgracias pero también de una nueva etapa. Detrás de esas huellas, yacía el cadáver. El primer cuerpo sin vida que observaba en aquel tiempo. Estaba estupefacto, y supongo que es algo común ¿cierto?. Más allá de los interrogantes que me acechaban y la plétora de pensamientos que abundaban en mi mente, recuerdo todo lo ocurrido a la perfección.



 Cuento realizado por la ganadoras Giovanna Aznar y Abigail Gomez de 1° técnica.


                                                UDO

—Y bueno, ¿vas a hablar? —Tomó la pequeña taza de café entre sus grandes manos, mientras me observaba fijamente. Yo asentí. Estaba seguro de lo que iba a decir; estaba seguro de que yo no había hecho nada malo. Sólo nos habíamos perdido, mi amada Margot y yo. (...)


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